Ramon Chao i els Catalans

[Listening: Nina Simone – Mood Indigo]

Fa uns dies l’Abel – qui resulta q de tant en quant té la valentia de perdre el temps llegint aquest weblog. I resulta ser q, contrariament al q jo creia, no és l’únic… lectors silenciosos! – em va enviar un d’aquests emails en els q veus q han passat abans per mil persones i endevines q passarán per mil més, probablement retrobant-te de nou en un futur proper. Com sigui q, contrariament a l’habit d’esborrar-los tots directament, els de l’abel, estranyament, fan q a vegades, fins i tot, llegeixi el ‘subject’, em vaig llegir el q m’enviava.

Resulta ser q era un text q pressumptament havia escrit Ramon Chao, pare del cantant, sobre els catalans. Pel q es veu, a més a més, és bastant conegut arreu d’internet, i si el busques per Google el trobes transcrit a mil webs i fórums. Sigui com sigui, i com q a mi, no coneixent-lo, em va agradar força i em va semblar q descriu força encertadament alguna de les virtuts q tenim els catalans com a societat i cultura – els defectes els podem deixar per a un altre dia, de moment -, el transcric jo també. No tant com a reinvindicació, si no com a recordatori q, malgrat tot, algunes coses bones sí q tenim.

Me gustan los catalanes porque a lo largo de su historia
acogieron e integraron a íberos, fenicios, cartagineses,
griegos, romanos, judíos, árabes y toda clase de charnegos y
sudacas, sin conocer los problemas que afectan ahora a
Francia; es un ejemplo.

Me gustan los catalanes porque ya el 7 de abril de 1249 (uno
va hacia Matusalén) el rey Jaime I nombró a cuatro
prohombres de Barcelona (los paers) para dirimir los
conflictos de la ciudad sin violencias ni reyertas. Esos
hombres sabios, que pasaron a cien en 1265, (el Consell de
Cent), iniciaron el sistema del gobierno municipal de
Barcelona Gracias a ellos reinó allí la concordia, y antes de
empuñar las armas prefirieron siempre emplear la razón.

Me gustan los catalanes porque en toda su historia no han
ganado ni una sola guerra, y encima les da por conmemorar como
fiesta nacional una de las batallas que perdieron en 1714 a
manos de las tropas de Felipe V de Borbón. Cataluña había
dejado de ser una Nación soberana. Desde entonces, cada 11 de
septiembre muchos catalanes y catalanas, como hay que decir
ahora, se manifiestan para reclamar sus libertades.

Me gustan las catalanas porque una de ellas, joven y bien
plantada por cierto, no vaciló en pegarse a mi espalda durante
cuatro días en el asiento trasero de una vespa cuando recorrí
la península en pos de Prisciliano.

Me gustan los catalanes porque tienen de emblema un burro
tenaz, trabajador y reflexivo, muy alejado del toro ibérico
cuyas bravas y ciegas embestidas lo abocan a la muerte. Estos
animales son de una raza registrada, protegida, y prolíferos
sementales. Al igual que el cava, se exportan a numerosos
países para mejorar la especie autóctona, como a Estados
Unidos, donde crearon el Kentucky-catalan donkey. Y allí no
piensan, ni mucho menos, en boicotearlos.

Cierto es que en el carácter catalán confluyen las virtudes
del asno. Pero los rasgos diferenciales no se limitan a los de
este cuadrúpedo. La población catalana se define por una doble
característica: el seny y la rauxa . El seny implica
sabiduría, juicio mesurado y sentido común.

Tenía seny aquel catalán que iba en un compartimiento de un
tren al lado de la ventanilla. Tiritaban de frío y los otros
pasajeros le pidieron que la subiera: “Es igual”, contestó a
varias solicitudes, hasta que un mesetero se levantó furioso y
alzó la ventanilla… ¡cuyo cristal estaba roto! “Es igual”,
volvió a repetir el buen hombre con toda su santa cachaza.

Al seny le responde la rauxa , asimilable a la ocurrencia
caprichosa, la boutade (frase ingeniosa y absurda). Cuando de
joven y surrealista Dalí iba en el metro y veía a un cura con
sotana, le decía: “Siéntese, señora”.

La alianza de estas dos facetas en un solo individuo forma el
carácter catalán, que se comunica, se comparte y se aprecia.
El otro día al regresar a París en avión desde Barcelona quise
ayudarle a un pasajero, dada la exigüidad del espacio, a
ponerse el abrigo: “No, por favor, no se moleste, que bastante
trabajo me cuesta a mí sólo”. Pero lo más refinado lo percibí
en el taller del ceramista Artigas. Él y Joan Miró estaban
trabajando en el mural del aeropuerto de Barcelona. Le pedí a
Miró que le dedicara una lito a mis hijos. Puso: “Para Manu y
Antoine, afectuosament”. Cuando la vio Artigas hizo este parco
comentario: “Te lo escribió en catalán para ahorrarse una letra”.

Me gusta Cataluña porque allí, según Arcadi Espada, don
Quijote recobró la razón, sin duda contagiado por el seny. Me
hubiera dado mucha pena que el Ingenioso caballero muriera loco.

Me gusta Cataluña en fin y sobre todo porque uno de mis hijos
eligió su capital para vivir en ella por ser una ciudad
abierta, tolerante y discreta.

Ramón Chao
Músico, escritor y periodista, Padre del cantante Manu Chao
y Caballero de las Artes y las letras por el gobierno francés.

P.D. Per cert, es veu q el senyor Chao, q escrivia des de feia temps a ‘La Voz de Galicia’ ha estat ‘censurat’ per la direcció del diari, no publicant més la seva columna. Desconnec si aquest escrit n’és l’arrel. El q sembla cert és q ja no el publiquen en aquell medi ( del grup Vocento, si no vaig errat).

[Listening: Nina Simone – You’ll never walk alone]

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Comments
3 Responses to “Ramon Chao i els Catalans”
  1. abel ha dit:

    Kin orgull veurem esmentat en el teu blog. Cuida’t.

  2. Laura ha dit:

    Para Ramón Chao, que publicó un artículo en el diario La voz de Galicia, el pasado mes de febrero. Una contestación políticamente incorrecta.

    En primer lugar quiero decirle que no tengo nada contra Cataluña ni los catalanes, es más yo misma nací en Barcelona, mis padres trabajaron allí un tiempo y vivieron felices, tengo familia arraigada allí, tíos y primos muy queridos que han nacido y fallecido en esa tierra. Esto no impide que conteste a su artículo. Soy licenciada y doctora en historia moderna, he trabajado en varios países europeos visitando centros de reconocido prestigio académico (mi especialidad es historia) y creo que tengo el criterio suficiente para opinar sobre los errores históricos que has incluido en su carta (no le culpo de ello porque reconozco que últimamente el uso político que se da a la historia, sobre todo por parte de los políticos, es aberrante y preocupante). En primer lugar no crea lo que dicen los periódicos, los políticos o la televisión, no se conforme con esa primera opinión de gentes que desconocen la historia, acuda a verdaderos especialistas, a investigadores institucionalmente reconocidos y no sólo del ámbito catalán (allí hay grandes especialistas y grandes majaderos, como en todos lados, fuera de Cataluña también).
    En primer lugar, voy a referirme al primer párrafo de su discurso: “los catalanes acogieron a lo largo de la historia a íberos, fenicios, cartagineses…. Todos aquellos pueblos existieron (están reconocidos por las fuentes históricas de la época), todos excepto los catalanes y por supuesto “los españoles”. Ni los que usted llamaría españoles ni los que ahora llamamos catalanes existieron en aquella época, el nacionalismo fue una corriente política que nació en el siglo XIX, tomó fuerza después de las revoluciones burguesas y tuvo especial arraigo en Alemania e Italia, dos países que nacieron como tales en 1870, no antes. Los catalanes no existen desde la época prehistórica, eso es un punto de vista de la historiografía nacionalista del siglo XIX, un error histórico totalmente superado por la historiografía actual (excepto por tendencias muy politizadas que quieren servirse de la historia para ganar votos). En el territorio que ahora es Cataluña vivían diversas tribus, como en el resto de la península y del territorio que hoy llamamos Francia. Y tanto los que habitaban en Cataluña como en los demás territorios colindantes, tuvieron que convivir mejor o peor (si había que defenderse luchaban y mataban como todos los demás, no creo que los “catalanes” acogieran con los brazos abiertos a todos los pueblos que llegaban a la zona y se mezclaban con la población autóctona) con otros pueblos que llegaban para colonizar o sólo para comerciar. Los íberos no fueron “integrados” vivían allí desde tiempos inmemoriales, fenicios y griegos fueron tímidos colonizadores, y tuvieron los mismos problemas allí que en otros puntos del levante o de las costas del Ponto, del Adriático o del norte de África, ya que no sólo se acercaron al litoral “catalán”. Los romanos sí que conquistaron el territorio y romanizaron prácticamente toda la península, en aquella época, Cataluña como “nación” y los “catalanes” nunca existieron como tales. Es como decir que los “españoles” ya existían en aquella época, eso es todo falso. La inmigración y emigración de la sociedad actual no se pueden mezclar con los problemas de convivencia de aquella época. De verdad, me asusta su ignorancia, es realmente peligrosa y eso que usted ha sido condecorado como caballero de las Artes y las letras por Francia. No será por sus conocimientos históricos.
    Si actualmente Cataluña goza un clima de convivencia envidiable con las personas de otros países que acuden allí para vivir mejor, no se debe a aquellos seres humanos que habitaron en aquel territorio hace dos mil años. Es mérito suyo y de nadie más, no hay que recurrir a la historia.
    Durante la Edad Media Cataluña nunca fue un reino, era el condado de Barcelona y un conjunto de señoríos, por lo que la Corona catalana-aragonesa nunca existió. Esta nomenclatura se utiliza mucho, sobre todo en Cataluña, pero fue creada en el siglo XIX y jamás se utilizó en 1134, fecha en la que el conjunto de condados que formaban la actual Cataluña se unieron al reino de Aragón (este sí que tenía categoría de reino) con el matrimonio de doña Petronila y el conde Ramón Berenguer IV. A esta unión de territorios se le llamó la Corona de Aragón; a Aragón y Cataluña se la sumaron el reino de Valencia (que por cierto, Jaime I conquistó con importantes ejércitos procedentes de Aragón, aunque luego la repoblación fue fundamentalmente catalana) y el reino de Baleares. Cada territorio tenía sus instituciones particulares, no sólo Cataluña: Aragón tenía su diputación, un persona representante de la justicia “El Justicia”, las cortes y otros organismos propios del Reino que se utilizaban para contrarrestar el poder “relativo” del rey. En Valencia y Baleares sucedía lo mismo, y en Cataluña también. Sólo quiero decir que estas instituciones del “reino” no defendían los intereses del pueblo sino los de las minorías dominantes, pues era una sociedad donde no existía ni el concepto de igualdad ni el concepto actual de libertad. La pena de muerte se aplicaba sin miramientos en muchos señoríos de Cataluña, Aragón y Valencia. Castilla también tenía sus instituciones propias, allí también había cortes. Y no creo que los “pars” de Jaime I fueran hombres ajenos a su época porque la conquista de territorios en el Mediterráneo por parte de catalanes y aragoneses se hizo a sangre y fuego. Y el consell de Cent en Barcelona fue una institución de su época, basada en las desigualdades profundas de la sociedad medieval, no hay que sentirse orgulloso de ello. El término nación sí que aparece en los documentos de la época, pero no sólo en documentos catalanes, sino también en los aragoneses y esta nación medieval no tiene nada que ver con lo que nosotros llamamos nación en la actualidad. En la edad media podemos hablar de “catalanes” como las personas que estaban bajo la jurisdicción de los condados de Cataluña y de las instituciones creadas en Barcelona, pero ¡ojo! los catalanes de aquella época no eran los de ahora, no eran “ciudadanos”. Debemos recordar que en aquella época la sociedad era estamental.
    Dice usted que los “catalanes le gustan porque en toda su historia no han ganado ni una sola guerra”, eso son tonterías, los catalanes participaron en numerosas batallas, reclutados en ejércitos pagados por la Corona (siglos XVI y XVII) junto a soldados nacidos en diferentes lugares de Europa. Los ejércitos “españoles”, por ejemplo, el ejército, representado en el cuadro de las Lanzas de Velázquez, que luchaba a favor de Felipe IV, estaba compuesto por catalanes, aragoneses, castellanos, italianos, personas procedentes del Imperio y mercenarios…. Si usted se refiere a que los catalanes como “nación” enfrentándose a otra “nación” no ganaron ninguna guerra es cierto, pero es que nunca han tenido un “ejército nacional”, lo que no implica que no hayan matado, asesinado y se hayan comportando como el resto de los mortales a lo largo de la historia. Según su interpretación, los aragoneses, gallegos, castellanos, andaluces… tampoco habrían ganado ninguna guerra. España como Estado institucional nació a principios del siglo XVIII y Cataluña, nos guste o no, era un distrito más de este Estado, y como tal, ganó y perdió guerras como el resto del territorio considerado en aquella época como España, así que su percepción es totalmente errónea, los catalanes también “ganaron y perdieron” guerras, como todos.
    Con respecto a la guerra de sucesión a la que usted se refiere con la batalla de 1714: es cierto que existía una buena proporción de población de Cataluña que apoyó al archiduque Carlos, pero igualmente es cierto que hubo catalanes pertenecientes a la nobleza y las elites que apoyaron a Felipe V hasta la muerte. La guerra de sucesión no fue una guerra entre naciones como se ha recalcado muchas veces por historiadores poco rigurosos, no fue una guerra entre Castilla y los territorios de la antigua Corona de Aragón, fue una guerra entre grupos sociales y políticos, ya que gran parte de la nobleza (castellana, aragonesa y catalana) apoyó al Borbón y en Castilla también hubo población que apoyó al archiduque. ¡No se confunda! Por tanto, la batalla de 1714, la perdieron unos catalanes y la ganaron otros catalanes. Muchos nobles catalanes se alegraron de que ganara Felipe V ya que éste acabó con las trabas que en la corte de Madrid les ponían para entrar a formar parte de las instituciones reales. Con Felipe IV se abolieron estas limitaciones y castellanos, catalanes, aragoneses y valencianos (todos ellos nobles porque era una sociedad estamental y desigual) pudieron entrar a formar parte de estas instituciones, tal y como reclamaron durante siglos. Así que otro error.
    De nuevo, le reitero que el concepto de libertad que usted pones en boca de los catalanes del siglo XVIII no existía en aquella época, ya que este concepto actual nace durante la revolución francesa, y aún entonces tuvieron que pasar siglos para que esa libertad, igualdad y fraternidad tan jaleada por los revolucionarios, se extendiera a las mujeres. La libertad que defendían las instituciones medievales catalanas se correspondía con la defensa de los intereses propios de una elite que consideraba inferior al tercer estamento, lo que llamaríamos nosotros el pueblo ¿es esa la libertad que usted defiende? Seguro que no.
    Me encantan los burros, son animales entrañables que han trabajado muchísimo para nuestro bienestar a lo largo de la historia. Quiero decirle que a muchos de los que usted llama españoles repudian los toros, rechazan esa fiesta llamada “nacional” con la que nunca se han identificado. Juan Ramón Jiménez, premio novel de literatura, (Huelva) amó a los burros y no era catalán, sólo hay que recordar su obra Platero y yo. No creo que Juan Ramón, dotado de una sensibilidad excepcional y que tuvo que exiliarse durante la guerra civil tuviera como emblema de su país, España, el toro. Está usted equivocado si cree que a todos los españoles les gustan los toros. Yo lucho porque se acabe la fiesta y también he de decirle que hay catalanes a los que les encantan los toros. Aunque sí alabo la ley de protección animal de Cataluña, muy adelantada, felicidades. Y las iniciativas para no utilizar las plazas de toros allí me parecen maravillosas. Eso sí, no identifique a todos los españoles con los toros, es un error gravísimo.
    Y lo del cava, es otra vez un invento de los medios de comunicación y de los políticos, que tratan de crispar con los odios nacionalistas para conseguir sus objetivos. Le puedo decir que no conozco a nadie que haya secundado el boicot del cava y, de verdad, conozco a muchos madrileños, zaragozanos, andaluces… de verdad a muchos. Otro error.
    Tampoco entiendo por qué ahorrar una letra es tan glorioso. Añadirla me parece igualmente bonito. No me voy a sentir inferior por acabar las palabras con una letra más. Tanto el catalán como el castellano son lenguas muy antiguas e igualmente merecedoras de nuestro cariño y atención, no es mejor el catalán por ahorrarse letras, Ramón Llull, como otros autores medievales, escribían un catalán maravilloso y no creo que pensara que su lengua era mejor que el castellano por ahorrar letras.
    También he de decirle que el Quijote no se habría vuelto cuerdo en Cataluña, de eso estoy segura, no por nada en especial, sino simplemente porque un loco no lo es menos según el lugar en el que esté; y menos mal, porque si el Quijote (por cierto un personaje literario) hubiera recobrado la razón (en Cataluña o en otro lugar) habríamos perdido una de las joyas de la literatura universal (fíjese que digo universal y no española, el Quijote ha sido reconocido mundialmente)
    Dice que la población catalana se define por una doble característica, esto me parece desmerecer a los seres humanos que habitan en Cataluña; supongo que ellos son como los demás. Decir que tienen características especiales es catalogarlos, limitarlos y encajonarlos en un estereotipo. Afirmar que todos los catalanes con caprichosos (por el “rauxa”) o sabios (por el “seny”) es igual que decir que los andaluces con vagos, los catalanes peseteros, los madrileños chulos y los aragoneses tozudos y cabezones; una verdadera tontería y un insulto para los catalanes que son y serán lo que ellos quieran ser, pues cada individuo es libre de ser lo que quiera al margen de los nacionalismos y los regionalismos.
    Ah! Un apunte, Dalí, además de encarnar al surrealismo en estado puro, era un franquista hasta la médula.
    Y además Barcelona es una ciudad más, con sus virtudes y sus defectos, como otras ciudades europeas, ni más ni menos. Y recuerde que yo he nacido allí.
    Si realmente quiere hacer un panegírico de los catalanes, hágame caso, no utilice la historia, porque estará haciendo el ridículo.
    Una última pregunta ¿qué significa ser catalán hoy? Es una pregunta para la que no encuentro respuesta. Mejor hablemos de seres humanos, un concepto más solidario y enriquecedor.

    Por cierto, los discos de su hijo me encantan.

    Laura Oliván.

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