Agur Amona

[Listening: Els ocells piulant, analògicament]

Querida Amona,

Hace ya más de un mes (41 días) que te fuiste, y aún no había sido capaz de encontrar el rato para despedirme por escrito (a pesar de que sí pude pasarme por Montserrat y permitirme dedicarte el Virolai que justo la escolanía estaba cantando).

La verdad es que es difícil no caer en los tópicos en el momento de ensalzar a alguien que se ha ido. Decir que eras una mujer excepcional sin que suene a automatismo me resulta imposible, por mucho que en tu caso fuera verdad, como bien sabemos todos los que te disfrutamos y como tanta gente explícitamente coincidió a señalar de todo corazón.

Pero como yo, uno de tus numerosos nietos, te quiero un montón, y realmente siento en mí esa tuya excepcionalidad, voy a intentar plasmar negro sobre blanco (y en analógico*), aquello que mis años vividos a tu lado puedan demostrar: que, en efecto fuiste, y sigues siendo a través de tu legado, una persona excepcional.

En los pequeños detalles, como mostrar siempre una actitud positiva. A mi (y nuestra) pregunta habitual de ‘Amona, cómo estás?’, tú invariable respuesta era ‘yo bien, como siempre.’. En un tono calmado, y casi indiferente, como para quitar importancia a tus posibles problemas; dejando ver que no te quejarías fácilmente. Tan poco fácilmente que, en 32 años, no recuerdo una sola vez en que dijeras que no te encontrabas bien. Ese constante detalle, tan poco nimio, amona, me transmitía a mi una tranquilidad y paz tal que me es difícil de transcribir.

Otro de los detalles con los que más te identifico es a tu apetito voraz y a tu buen comer. Tenías buen paladar y conocías bien la buena cocina. Y sin embargo, eso no fue nunca óbice para que fueras una comensal muy agradecida con el cocinero de turno. A todo lo que se te ofrecía correspondías con alabanzas y con un muy buen apetito. Dicen que el último día en el hospital, cuando te preguntaron qué tal estaba la comida, respondiste con un ‘pésima’. Al leerlo me di cuenta que, también a través de tu apetito, mostrabas para con los cocineros ocasionales (a diferencia de la impersonal comida hospitalaria) tu mayor rasgo, a través del agradecimiento: el amor.

Porque Amona, aquello que siempre me transmitiste y admiré fue tu inmenso amor. El amor como forma de vid, de ser madre, de ser amena de relacionarse con los demás, como forma de entender la vida. Amor incondicional y condicionante de lo demás, origen de toda tu bondad. Así eras capaz de comprender, de perdonar, de estimar y de apoyar. Amando siempre de corazón y de forma puramente natural.

Esa forma de amar, de forma innegociable, y de transmitirlo serenamente y sin alardes siempre me fascinó. Y cuando más pasan los años y la gente en mi vida, más me maravilla.

Me resulta inevitable caer en la exageración verbal al pensar y reflexionar sobre la total vivencia y practica del amor que profesabas a diario. Me gustaría no olvidarlo, no de mar de tenerlo presento. Yo ya tu amor en sí, pues es inolvidable, si no el inestimable ejemplo que resulta.

Para terminar Amona, quiero decirte que, a pesar de no haber llegado a tiempo para despedirme en persona, me fue muy bien poder hablar contigo por teléfono poco antes de tu partida. Me ayudó mucho, así como lo hizo saber que te fuiste en paz, de forma tranquila y lúcida, pudiendo aprovechar para estar con muchos de los que te quisimos (tus hijos y gran parte de los nietos), y rezando junto a ellos. Porque, a pesar de no ser yo creyente, me alegró mucho saber que tuviste contigo el apoyo de tu fe. Creo que tuviste una buena marcha, tranquila, serena y en buena compañía. Y eso se notaba mucho al verte luego. Con una expresión serena, en paz, y con toda tu clase y porte. Una amiga me dijo una vez honestamente sorprendida, al ver una foto tuya: ‘Qué elegancia y clase tiene tu abuela!’, y en ese momento pensé que, además, eso también era verdad.

Agur amena. imposible devolverte todo y corresponderte todo tu amor, pero bien sabe tu dios que lo intento, y lo intentaré siempre.

(* en analógico porque este texto lo escribí en uno de los bancos de fuera de la casa de cabrera con un boli y un par de hojas de papel, a mano)

[Listening: les botes caure sobre les fulles dels arbres i de paper]

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Comments
One Response to “Agur Amona”
  1. Jon ha dit:

    profundo… y muy bonito

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